Mucha gente llega a consulta después de años intentando resolverlo sola, con la sensación de que pedir ayuda es admitir que algo falló. Mi punto de partida es el contrario: consultar a tiempo es lo que evita que un malestar manejable se vuelva un problema que ocupa toda la vida.
Trabajo desde la terapia cognitivo-conductual porque me parece la forma más honesta de plantear un proceso: definimos desde el inicio qué queremos cambiar, cómo vamos a saber que está cambiando y en cuánto tiempo esperamos ver movimiento. No es un espacio para conversar indefinidamente; es un trabajo con dirección.
Eso no significa que sea un proceso frío o mecánico. La estructura es lo que sostiene el trabajo, pero lo que lo hace posible es el vínculo: la confianza de poder decir en voz alta lo que no has dicho en ningún otro sitio.